“El hombre es de naturaleza un animal orgulloso que ama por encima de todo el soplo de la fama que acaricia su vanidad y lo adula con la admiración de sí mismo”

(R. Blackore)

Esta necesidad se produce por la falta de autoestima, tiene su origen en el vacío, el no sentirse suficiente, capaz y con una identidad propia.

Según la importancia de las perturbaciones sufridas durante la educación, una persona puede llegar a intentar esconder al resto de personas quién es en realidad, por miedo a no ser aceptado.

Puede también suceder que no llegue a saber verdaderamente quién es.

Todo esto origina que una persona se sienta insatisfecha y desgraciada con lo que es, lo que posee y lo que aparenta; con la imagen que tiene de sí misma y la imagen que piensa que tienen los demás de ella.

Ese gran vacío es escalofriante, y provoca un gran deseo de ser reconocido, estimado, valorado, se convierte en una obsesión, y ya solo vive para procurarse momentos de éxito inventados, imaginarios.

Quien sufre esta necesidad acuciante de ser importante, de ser más que los demás, busca afanosamente caer bien y contentar a todo el mundo, su vida gira entorno a los demás, y para lograr lo que es imposible, cae en conductas enfermizas, como mentir, deformar la realidad en la que vive, buscar personajes que aparenten lo que en realidad no es, cae en lo que denomino la enfermedad del Proyecto Egótico.

Los fracasos amorosos, los quiebres económicos, la pérdida de seres queridos, la decepción con instituciones políticas, sociales o religiosas, el enfrentamiento con la sombra (*), propia y ajena, y muchas otras experiencias dolorosas o desconcertantes, llevan al ego a la dura conclusión, de que su proyecto de triunfo era ilusorio, y de que nadie gana a la existencia.

(*)Sombra: Jung, desarrolló el concepto de sombra en contraposición al de Persona.

La palabra Persona, proviene del griego y designa a la máscara a través de la cual hablaban los actores en las obras de teatro (persona: por donde suena).

Es decir que “la persona”, es aquello a través de lo cual nos queremos mostrar, y está constituida por todo aquello que nos gusta de nosotros, y que queremos que los otros perciban.

Es decir que “la persona”, es aquello a través de lo cual nos queremos mostrar, y está constituida por todo aquello que nos gusta de nosotros, y que queremos que los otros perciban.

¿Y, que podemos hacer para superar esta necesidad?

Descubrir quiénes somos y cuáles son nuestras prioridades, es una de las misiones, si no la más importante que nos es entregada al nacer, por lo tanto, hay que luchar por conquistar la propia identidad.

Aprender a ser tú mismo, a valorar lo que eres y tienes, a no compararte con nadie y empezar a descubrir que eres suficiente por ti mismo para ser único e irrepetible, y en especial, a trabajarte las herramientas para aumentar la autoestima.

¿Dña. Autoestima?

Os presento a la mujer que tenemos en nuestro interior, que tenemos que escucharla, descubrirla y mimarla, porque es nuestro SER, nuestra IDENTIDAD, y nos da la energía necesaria para vivir en paz consigo mismo,

“En todo el universo, no hay otra persona exactamente igual que tú.

Puedo escoger manifestar lo mejor de mí misma, puedo escoger amar, ser competente, encontrarle un sentido a la vida y un orden al universo, puedo escoger desarrollarme, crecer y vivir en armonía conmigo misma, con el resto de las personas y con Dios.

Soy digna de ser aceptada y amada exactamente como soy, aquí y ahora.

Me amo y me acepto, decido vivir plenamente desde hoy”

(Virginia Satir, psicoterapeuta estadounidense)