Escucha

Según la Real Academia Española (RAE), Escucha, acción de escuchar. Escuchar deriva del latín vulgar Ascultāre, latín Auscultāre., y lo define como prestar atención a lo que se oye; dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia; aplicar el oído para oír algo y hablar o recitar con pausas afectadas.

Desde la mirada psicológica, el término Escucha se integra con mucha asiduidad al término de Escucha Activa. Escuchar en forma activa se refiere a no perder detalle de la conversación que se tiene con el entrevistado. Para ello se requiere de mucha concentración. Nos referimos a una manera de comunicarnos en donde se pretende hacerle saber a la persona que nos está comunicando algo que realmente se le está atendiendo y comprendiendo. 

Cuando escuchamos de manera activa a alguien, lo hacemos de manera consciente, es decir, hacemos un esfuerzo por centrar toda nuestra atención en aquello que nos está comunicando la otra persona y no sólo eso sino que también prestamos la atención suficiente para conocer realmente cómo se siente.

La escucha activa genera una serie de beneficios como: Mejora las relaciones interpersonales, aumenta el nivel de empatía hacia las otras personas, se desarrolla las habilidades sociales de la persona que escucha, incrementa el nivel de aprendizaje y de cultura general al escuchar diferentes opiniones, aumenta la autoestima de la persona que habla al sentirse escuchada y valorada y ayuda a disolver con mayor facilidad los conflictos interpersonales.

Desde el Coaching Ontológico, interpretamos que en función de la escucha, construimos nuestras relaciones personales, interpretamos la vida, nos proyectamos hacia el futuro y definimos nuestra capacidad de aprendizaje y de transformación del mundo. La escucha juega un papel determinante tanto nuestra capacidad de encontrar satisfacción en la vida como de asegurar altos niveles de efectividad.

No hay mejor indicador de la calidad de una relación que la manera como evaluamos la escucha que en ella se produce, sea ésta una relación personal o de trabajo.

Para escuchar, decimos, no basta con oír, es necesario interpretar lo que el otro dice. Mientras no haya interpretación no hay escucha. La interpretación es el corazón de la escucha.

Lo central en la escucha es la apertura. Escuchar es abrirse al otro. La apertura requiere, por lo tanto, de humildad, en el sabernos limitados y precarios.

Y, por otro lado, de respeto al otro, un respeto que acepta la posibilidad de que él o ella puedan mostrarnos algo nuevo.

Y, no digamos, la extraordinaria necesidad de sentirnos escuchados, como afirma Carl Rogers, Psicólogo estadounidense: “Puedo asegurar que cuando uno está psicológicamente destruido y alguien nos escucha sin juzgarnos, sin tratar de moldearnos, uno se siente maravillosamente bien”

Preciosa afirmación que comparto plenamente, es sanador que, cuando una persona está angustiada, por un problema que cree que no tiene solución, que le está amargando la existencia, y tiene la oportunidad de tener personas a su alrededor con la capacidad de escuchar, y se siente plenamente escuchada, yo digo que dicha persona es un ser privilegiado.

Un ser privilegiado, porque las personas que son humildes, que te escuchan sin juzgarte, con muchísimo respeto, con generosidad, son personas que debes tenerlas presentes en tu vida, personas que las denomino “Personas Medicina”. Con ellas, la vida es mucha más llevadera, más enriquecedora, y adquieres una sensación de libertad inimaginable.

Por todo ello, fundamento mi creencia de que la escucha, es una de las competencias que, todo Coach que ejerce la profesión debe tener, es más, digo que es imprescindible en toda interacción de coaching.

Pero, ¿Qué ocurre en las empresas familiares?

Todo lo anteriormente descrito se reproduce de manera excepcional en las empresas. La falta de respeto, y por ende la carencia de escucha es manifiesta.

En los equipos de trabajo, donde la escucha es la principal competencia para lograr equipos de alto desempeño, brilla por su ausencia. La diversidad de opiniones es invalidada por la falta de cultura en las empresas, se impone la jerarquía, aunque en los últimos años, se está cambiando paulatinamente, de lo cual me alegro.

Los siguientes datos empíricos obtenidos (92 cuestionarios realizados) en los últimos años de mi trabajo con empresas familiares demuestran y fundamentan lo dicho en el capitulo:

  • Área Crítica de Mejora General: capacidad de escuchar y destacar   comunícate con las personas como la competencia esencial del liderazgo que más necesidad de mejora se demanda.
  • Lo que más te desmotiva y cabrea es la falta de comunicación porque no hay escucha activa, no hay empatía, hay prepotencia y falta de respeto.
  • Una de las causas que respondieron como desmotivación del personal es NO sentirse escuchado y No se toman en cuenta las opiniones
  • Falta de escucha ante discrepancia, falta de respeto y falta de empatía son tres argumentos que fundamentaban para la mejora de la comunicación en sus respectivas empresas.

Quisiera mencionar la importancia que tiene la escucha en los equipos de trabajo, asignatura pendiente en las empresas en general. Capacitar al equipo en la competencia genérica del escuchar efectivo es uno de los caminos de aprendizaje para construir equipos de alto desempeño. Competencia deficitaria en la inmensa mayoría de los equipos de trabajo que he vivido personalmente.

Experiencias Vividas:

En primer lugar quisiera compartir mi propia experiencia personal en relación a mi descubrimiento de la escucha y su relevancia en todos los dominios de la vida.

En mi proceso formativo de Coach, descubrí una de las cosas que más me marcó en mi proceso de aprendizaje, ¡la escucha! Menudo descubrimiento. Tenía la absoluta seguridad de que yo escuchaba, en el ámbito profesional, familiar y personal, eso pensaba y que equivocado estaba. Me di cuenta entonces de la relación que existía entre aprendizaje y humildad. Que arrogancia respiraba por mis poros, madre mía.

Fui consciente de la maravilla que supone aprender a escuchar, de la necesidad imperiosa de soltar los “egos”, de trabajarse continuamente la humildad para ser un aprendiz de la escucha. Con la escucha uno saborea los preciosos matices de la conversación, los matices de los sentimientos, de las emociones, en definitiva, de aprender a vivir plenamente siendo consciente de las historias personales de los demás, historias que te enriquecen plenamente. Escuchar es sabiduría, es todo un arte.

En mi vida profesional, cuándo fui plenamente consciente de la importancia de escuchar, aprendí una gran lección, respetar. Respetar significa aceptar al “otro” como ser diferente a mí, significa que no existe una sola verdad, sino diferentes interpretaciones de la realidad.

Escuchando podemos descubrir que inquietudes nos pueden unir o separar, si la conversación que estamos teniendo se basa en inquietudes compartidas o no, y que para ser realmente escuchado por el otro debo mostrarle que lo que digo, es de su propio interés y que responde a sus propias inquietudes.

En segundo lugar, una de las vivencias más repetitivas en el descubrimiento de la falta de escucha se produce en las reuniones de trabajo. Un espacio de vital importancia para comunicar, para compartir inquietudes, para conversar, y sin embargo, ocurre todo lo contrario, una pérdida de tiempo con un alto coste económico.

¿Por qué? por la propia cultura empresarial, donde como ya hemos comentado con anterioridad, predomina la imposición sobre la participación, el control sobre la autonomía, la desconfianza sobre la confianza, el miedo sobre la libertad, lo que conlleva una falta de respeto y como consecuencia, una falta de escucha.  

En tercer y último lugar, por ello no menos importante, recuerdo una experiencia preciosa.

Uno de mis clientes me pidió que ayudase a su pareja a preparar una reunión que tenía que celebrar con su familia por conflictos en su empresa familiar. Ambos, mi cliente y su pareja ya habían realizado el Programa Coaching Day conmigo. La pareja de mi cliente, es una persona muy emocional con mucha rabia acumulada por los conflictos familiares en la empresa. Sabía de la importancia de la escucha, de estar en equilibrio emocional, y lo más importante de preparar la conversación para lograr el resultado esperado.

Le ayudé a preparar la conversación a través de una herramienta que utilizo para afrontar conversaciones difíciles y especialmente en contextos familiares. El Modelo Diseño de Conversaciones, como herramienta imprescindible para desarrollar las conversaciones que tenemos que mantener de manera inteligente y efectiva. Herramienta que consta de 10 pasos basados en dos vectores primordiales, la argumentación y la empatía. Y lo más importante el centro, el corazón de la herramienta, se sustenta en la escucha.

Tras varias semanas de entrenamiento, preparando la conversación a través de la herramienta, hubo una llamada telefónica por parte de mi cliente, para formularme dos preguntas: “¿Tienes confianza en que lo va a hacer bien? ¿Va a ser capaz de mantener la calma y de escuchar con paciencia a mi hermano, en especial?

Mi respuesta fue contundente: “Sí, tengo plena confianza en él, lo hemos trabajado concienzudamente, y lo más importante, su deseo innegable de querer recuperar su dignidad ante tu familia y ganarte tu respeto y la de tu madre”

Verdaderamente tengo que decir, que tenía cierta preocupación porque, y lo digo por propia experiencia personal, la emoción de la rabia y más cuando hay tanta acumulada, puede ser una bomba emocional que impide escuchar, ya que la rabia inhibe la escucha y lo peor de todo, la lengua se convierte en un arma letal.

Esa misma noche, cuando finalizó la reunión familiar me llamaron para darme la buena noticia – uff, menos mal – había salido muy bien y estaban enormemente satisfechos, las cosas se dijeron con respeto y dignidad. Pero lo más importante es cuando una persona realmente se escucha a sí misma para, saber con humildad si está preparada para afrontar una conversación compleja donde esté en juego la relación entre personas sean familiares, no familiares o en un equipo de trabajo.

Una vez más, y en base a mis experiencias profesionales, afirmar que la escucha es la fuente del aprendizaje y del bienestar de las personas de cualquier organización, y si es familiar, doblemente importante.

Conclusión:

La escucha es el mejor indicador de la calidad de nuestras relaciones personales.

Si no logramos ser competentes en la escucha creo que no alcanzaremos los resultados esperados, ni en las organizaciones, ni en nuestras propias vidas personales.

Si queremos evaluar nuestra capacidad de escucha, tenemos que sopesar nuestra capacidad de comprensión de otro diferente de nosotros. Éste es el real desafío de la escucha. ¿Qué significa comprender a otro diferente? Significa ser capaz de hacer sentido de lo que dice sin descalificarlo por sostener algo diferente de lo que nosotros pensamos. Aceptar, por tanto, la diferencia como legítima.

Para escuchar efectivamente, tenemos que disponer de espacios temporales con una adecuada emocionalidad, con una tranquilidad exquisita y evidentemente tenemos  que disponer de tiempo.

Escuchar comprometiendo la posibilidad del cambio, NO es escuchar. Si no estamos dispuestos a la apertura del aprendizaje, a indagar otras opciones, a desafiar nuestras propias convicciones, a períodos de sufrimiento en el que se tambalean los juicios constituyentes de nuestra propia identidad, a negar la ambición del aprendizaje transformacional que puede devenir en el tipo de observadores (personas) que deseamos para mañana, entonces no hay escucha, y por lo tanto cerramos ventanas de oportunidad que nos puedan acercar a caminos que nos posibiliten encontrar la satisfacción plena en nuestras relaciones personales y en nuestro propio yo.

Con humildad y sinceridad tengo que afirmar que los profesionales que nos dedicamos a trabajar con personas tenemos una responsabilidad, sensibilizar a los empresarios de la vital importancia de la escucha en las relaciones entre la personas, en sus equipos de trabajo, en sus organizaciones y en la vida general.  

«Si escuchar, en último término, implica abrirse a ser transformado por el otro, comprendemos entonces que la escucha es el elemento básico del proceso de aprendizaje”(Rafael Echeverría, Sociólogo, Doctor en Filosofía y co – creador del Coaching Ontológico)

¡Preguntas para la conversación interna! ¡Comparte tus comentarios!

¿Qué piensas de ti al conversar con personas a las que escuchas poco? ¿Qué piensas al conversar con personas que según tú, te escuchan poco? ¿Qué consecuencias te trae tener un bajo nivel de escucha con personas de tu vida cotidiana? ¿En el ámbito familiar? ¿En el ámbito aboral? ¿Cuál es el precio que pagas por ese bajo nivel de escucha? ¿Qué acciones puedes realizar para mejorar las conversaciones que sostienes con las personas con bajo nivel de escucha? ¿Cuáles son los beneficios que escuchar de manera activa a otras personas? 

¡Espero encantado vuestros comentarios! Tengamos buenas Conversaciones,   La Conversación es Aprendizaje. ¡Gracias!