Estimados navegantes, continuamos con la aventura del Abecedario de Empresa Familiar. 

Ego

Según la Real Academia Española (RAE), Ego procede del latín ego “Yo”. En el Psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y, media entre los instintos del ello, los ideales del superego y la realidad del mundo exterior. Coloquialmente,  exceso de autoestima.

Desde la mirada psicológica, El Ego es una construcción mental de quien eres, una autoimagen, un “yo” que has fabricado a partir de experiencias, vivencias…

El «yo» o ego de una persona hace referencia al «personaje» que hemos creado sobre nosotros mismos y hemos interiorizado como la imagen que nos representa, el ser que creemos que somos. Funciona como un mecanismo de defensa Como no puede satisfacer directa y sanamente esta necesidad, buscará una solución alternativa que vendrá determinada por la creencia interiorizada sobre la situación (el superyó).

Para reconocer el ego basta con escucharnos internamente y detectar, de las conductas que hacemos, aquellas que siempre nos harán sentir mal, nos harán daño. Incluso cuando la conducta está dañando al exterior.

Otra manera de reconocerlo es a través del cuerpo. Las conductas egoicas siempre suponen la contracción de alguna parte del cuerpo (respiración, ojos, mandíbulas, tórax, abdomen, cervicales, etc.).

La tercera manera de reconocer el ego, es observar qué parte de nosotros genera dicha conducta. Cuando esta viene motivada por nuestro ego, viene dirigida por pensamientos negativos (de miedo, desconfianza, rencor, etc.) o por emociones negativas (ira, tristeza, ansiedad, júbilo descontrolado, etc.).

Desde el punto de vista del Coaching Ontológico, definimos al Ego como aquellas conversaciones internas con las cuales una persona se autojustifica y explica, para seguir en su propio camino, siendo el centro de sus acciones, en lugar de transformarse.

El ego es el que siempre quiere tener la razón, no quiere entrenarse y aprender, se monta sobre el triunfo, se base en “lo que quiero”. Es ese pensamiento recurrente, automático que destruye la posibilidad que somos, esa cabecita que nos quiere “controlar”, “manipular”, “no tengo elección”, “debo hacer”, es lo que denomino “El Lorito” esa vocecita interior que nos machaca, que nos impide actuar, elegir, que nos genera “preocupación”  y “miedos” recordándonos permanentemente el pasado el ¿Por qué?, impidiendo iniciar un proceso de aprendizaje y transformación, una mirada al futuro ¿Para qué? El Ser.

Desde el punto de vista ontológico, definimos al Ser como un equilibrio entre 3 grandes dominios los cuales definen todo lo que somos.

El primer dominio del ser es el lenguaje. Vivimos en el lenguaje, todo es lenguaje y como dice el biólogo Humberto Maturana «es el lenguaje lo que nos hace seres humanos». Nuestro lenguaje nos diferencia de los demás seres vivos en el planeta. El lenguaje es generativo, porque a través de nuestro lenguaje creamos realidades nuevas, incluso nuestros pensamientos no son más que conversaciones «internas» con nosotros mismos, son palabras, frases que rondan nuestra mente.

El otro dominio del ser es el determinado por nuestra corporalidad, así es, somos nuestro cuerpo. Somos lo que nuestra biología nos permite ser, estamos limitados a lo que nuestro cuerpo nos dicta. Y no sólo eso, nuestra corporalidad refleja también nuestra emocionalidad, refleja nuestro lenguaje, nuestras interpretaciones de la vida, de la realidad, es en nuestra corporalidad donde nuestro ser vive. Nuestro cuerpo es el reflejo de lo que somos.

Y, el tercer dominio del ser: la Emocionalidad. Nuestra emocionalidad es esa energía interna que nos hace movernos de un punto a otro, si nuestra emocionalidad es positiva moverá a nuestro cuerpo hasta realizar cosas increíbles, que impactan en nuestro lenguaje.

Pero, ¿Qué ocurre en las empresas familiares?

Bajo mi experiencia personal, y después de trabajar tantos años en el contexto empresarial y familiar, he observado diferentes comportamientos y conductas que han sido generadas por el Ego. Desde la Psicología denominamos a esta tipología de conductas: Conductas Egoicas.

Estas conductas se dan tanto a nivel de dirección como de trabajadores, descifro algunos ejemplos de conductas egoicas.

  • Acaparador: su conducta siempre va dirigida a ser el centro de atención. Son los típicos que en las reuniones construyen maravillosos monólogos de sus trabajos, donde la palabra “yo” la emite constantemente, es el “Yoismo”, y sin embargo hablan maravillas del trabajo en equipo. Un claro ejemplo de incoherencia.
  • Sabelotodo: saber de todo, o creerlo, le aporta la seguridad que necesita. Con esta conducta inhiben el aprendizaje, ya que la arrogancia es el antídoto de la humildad y de la evolución como ser humano. Muy frecuente en los niveles jerárquicos, en especial, los que tienen una ambición no ética para aspirar a lo alto de las jerarquías.
  • Huidizo-evitativo: personas que evitan afrontar ciertas situaciones para no afrontar el malestar que les supone. Se da con cierta frecuencia en la toma de decisiones importantes por miedo al fracaso. En situaciones de incompetencia por parte de algún familiar y la Dirección por no generar conflicto en el ámbito familiar, evitan la situación provocando en las personas de la organización una total desconfianza hacia la dirección.
  • Dominante y manipulador: las personas con estas conductas controlan las situaciones para sentirse seguras. En algunos estudios, como el realizado por el psicólogo Jones, describen que estas personas no son para nada impulsivas, sino que tienden a reflexionar sobre la forma en que van a actuar, la cual suele ser muy prudente para, de esta forma, obtener el máximo beneficio personal. están fuertemente vinculadas a las mentiras y a los engaños con propósito, tienen la capacidad de detectar aquellas personas con personalidades débiles, de las cuales les será más fácil poder aprovecharse.

Por situaciones personales que he vivido con relativa frecuencia, especialmente en contextos familiares con conflictos emocionales importantes, las reuniones, tanto en la convocatoria, como en el acta de la reunión, todas las decisiones y acuerdos por escrito, Todo por escrito. De lo contrario te negaran lo acordado, te malinterpretaran la conversación como les convenga y negaran la versión real, ya que lo hacen en su propio beneficio. Así y todo, recuerdo una reunión que estando el acta por escrito y firmada por los asistentes dando el visto bueno al texto, llego un directivo familiar a negar el acuerdo establecido, ¡increíble!

  • Orgulloso: es incapaz de reconocer cuando se ha equivocado. Incluso buscan a una tercera persona para evadir su error no asumiendo su propia responsabilidad. Claro ejemplo de generar desconfianza.
  • Agresivo-defensivo: personas desconfiadas que siempre ven lo negativo de las situaciones y se defienden atacando.
  • Miedoso-asustadizo: personas igualmente desconfiadas cuya respuesta ante determinados aspectos es el miedo, la paralización y la contracción.

Las conductas egoicas están claramente sustentadas en el Ego, por lo tanto, manifiestan una clara evidencia de mecanismos de defensa para ocultar ante los demás su falta de autoestima, y de identidad personal, lo cual genera una desconfianza en las organizaciones con un coste económico, psicológico y emocional muy difíciles de recuperar.

Experiencias Vividas:

Recuerdo un trabajo realizado en una empresa textil hace ya varios años donde el Director General era muy respetado por todo el personal, me hizo recordar mis años de infancia donde había que hablar de usted a las personas mayores, porque de lo contrario te lo hacían pasar mal, incluso te castigaban ya que les habías faltado el respeto, que tiempos.

Al señor Director le hablaban fonéticamente de un usted que te hacían sentir un elevado respeto con cierto tufillo de miedo. Dicho Director tenía una expresión facial de seriedad inquebrantable, una corporalidad totalmente simétrica y perfeccionista, un exquisito y desmesurado orden, de hecho la primera entrevista que tuve con él, me recolocó la agenda en “su” sitio de la mesa, tenía todos los objetos debidamente ordenados como si tuviera un determinado protocolo para su despacho. En definitiva, orden, perfección y estructura.

A medida que fui trabajando personalmente con él, fui relajando la tensión del ambiente en las conversaciones personales que manteníamos, incluso de vez en cuando me contaba ingeniosos chistes y frases populares que provocaban risas compartidas. Fuimos adquiriendo una apreciada y estimable confianza.

Hasta que un día sucedió un hecho que me hizo comprender con una nítida claridad, lo que significa el Ego.

Estaba preparando una sesión de trabajo vivencial de su empresa con su equipo de trabajo fuera del hábitat laboral. Me sugirió un picadero de caballos para realizar la jornada, y para visitar el lugar y visualizar las condiciones me invito a pasar el día. Fue asombroso, me preguntaba a mí mismo, ¿Estoy con la misma persona? ¿Se ha metido en otro cuerpo? ¿Quién era el personaje, y quien era el Ser, la auténtica persona?

Y, en un momento de la comida, le dije: “Perdona, me vas a permitir, que después de las varias sesiones de trabajo que hemos tenido, me permitas describir como te veo. Es como si estuviera paseando por la zona del Loira en Francia, y de repente me detengo en un precioso castillo rodeado de preciosos caballos, visualizo la puerta de entrada y me suscita el visitarlo por dentro.

Ya en el interior, observo una preciosa armadura medieval, me acerco a ella y a medida que me voy aproximando percibo un olor muy especial, una vez delante mismo de la armadura,  cojo el yelmo, (palabra de origen germánico helm, elemento de la armadura que protege la cabeza y el rostro del guerrero), lo levanto y descubro el origen de ese olor que me atraía, era el interior de la armadura, un olor a ternura tan enriquecedor que sentía a la vez paz y afecto. Y, es así como te siento, un ser con una inmensurable ternura encorsetado y prisionero de un traje de hierro”.

Conclusión:

Como he repetido en algunas ocasiones, mientras exista el Ego, existirán los viejos paradigmas de Jefe y Empleado, siendo el trabajo una obligación y un castigo. Así vamos mal.

Para eliminar el ego será necesario la «catarsis» o limpieza interior que nos permitirá re-conectarnos con nuestro Ser esencial, la manifestación real de nosotros mismos.

Cuando matamos el ego, dejamos de tener miedo porque el miedo vive en el ego. Estaremos libres de los estados de ánimo, pues no nos afectará a cumplir nuestros compromisos, tendremos libertad, el ego te ata. Recuperaremos nuestra capacidad de elegir.

Por ello es absolutamente necesario realizar un proceso de introspección para detectar qué mecanismos de defensa actúan en nosotros.

Matar al Ego es vivir, vivir es elegir, elegir es ser libre y para ser libre hay que tener Valor y Perseverancia. Como decía Sócrates: “Los seres humanos nunca pueden tener sabiduría hasta que no aprendan a morir”. Sabia reflexión.

Y, Hacer morir el Ego es fundamental para iniciar un proceso de aprendizaje y transformación, y es el paso necesario para lograr un liderazgo ético y constructivo tan necesario en nuestras empresas, y en especial, las familiares, por la empatía y el cariño que les tengo.

Me gustaría finalizar con un extracto del libro “El canto del pájaro” de Anthony de Mello: La Lección de la Mariposa.

“Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó a la mariposa varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través de aquel agujero.

En tanto, parecía que ella había dejado de hacer cualquier progreso. Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo.

Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó una tijera y abrió el capullo. La mariposa pudo salir fácilmente.

Pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas.

El hombre siguió observándola porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo, y que esté se hiciera firme.

¡Nada aconteció! En verdad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas. Ella nunca fue capaz de volar.

Lo que el hombre, en su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara través de la pequeña abertura, era la forma en que Dios hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa fuese a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo”.

¡Preguntas para la conversación interna! ¡Comparte tus comentarios!

¿Estoy centrado en mi mismo? ¿Tengo opinión sobre todo? ¿Juzgo todo, no acepto que me corrijan? ¿Digo muchas veces “Yo”? ¿Creo tener siempre la razón? ¿Hablo lo primero que se me viene a la cabeza? ¿Me ofendo fácilmente por lo que me dicen? ¿No escucho, no obedezco, no pido perdón?

¿Qué quiero? ¿Para qué lo quiero? ¿En qué conecta con mis valores? ¿En qué medida me aporta valor real? ¿Y, a los demás? ¿Y, a la Organización? 

¿Sabes cuál es la enfermedad Universal del Ser Humano que destroza nuestra energía y nos debilita y agota? ¿Lo sabes? 

¡Espero encantado vuestros comentarios! Tengamos buenas Conversaciones,   La Conversación es Aprendizaje. ¡Gracias!